En mi última publicación, os querría dejar un testimonia de una madre con dos hijos diagnosticados con TDAH:
"A quien pueda interesar:
A través de estas líneas, solo pretendo
contar mi experiencia (mejor dicho, la de mis hijos), después de que
los mismos hayan finalizado su terapia visual:
Soy madre de 2 niños, de 14 y 12 años de
edad respectivamente. Los dos han sido diagnosticados de TDA, la mayor
con hiperactividad, y el menor, sin ella. Con ambos he tenido problemas
de consideración en el colegio, afortunadamente sin fracaso escolar,
pues tengo la suerte de que los dos son inteligentes y aprenden casi del
aire, pero ello no ha impedido que en el cole se hayan visto relegados
como los malos, traviesos, molestos, etc.… en el caso de mi hijo, con 9
años, le calificaban como el ”vago-revago”. Obvio decir como estaba la
autoestima de mis hijos…, por los suelos.
Después de acudir a un gabinete
psicológico con mi hija mayor (entonces tenía 9 años), de rellenar unos
cuestionarios (padres y profesores) completados cuando más cabreada
estaba con la situación, y de pasar la niña unos Test DSM, fue
diagnosticada de TDAH. Al día siguiente ya le había prescrito medicación
(Concerta). Lógicamente, comencé a darle la medicación, pensando que
servía la solucionar un problema. Con el tiempo observé que sólo servía
para mitigar y camuflar algunos síntomas (sobre todos el exceso de
actividad física) pero continué medicándola por prescripción médica.
Poco tiempo después empezaron a surgir
los problemas con mi hijo (en torno a los 8-9 años), actué de forma
diferente (ya se sabe, de los escarmentados nacen los enseñados…).
También fue diagnosticado de TDA (sin hiperactividad), a través de los
cuestionarios y test DSM. Pero en este caso actué de forma diferente: me
dediqué a buscar las causas del problema y soluciones, y no me fijé
tanto en los síntomas.
Aquí es donde me llama la atención el
artículo. Después de dar muchas vueltas, tuve la suerte de dar en mi
ciudad (Albacete) con una Optometrista Comportamental que profundizó en
los problemas de mi hijo, evidenciando la necesidad de una
terapia visual que después se complementó, a raíz de una consulta con un
prestigioso Neurólogo catalán (Dr. Ferré), con un tratamiento para
integración de reflejos y estimulación del cuerpo calloso del cerebro
para tratar el problema de lateralidad que se evidenciaba como causante
de base. Todo se complementa con tratamiento psicológico para mejorar la
autoestima del niño, ejercicios de atención y favorecer sus relaciones
sociales, pues no olvidemos que a los 10 años la autoestima del niño era
prácticamente inexistente, hasta el punto de adoptar la decisión de
cambiarle de colegio, lo que fue un acierto.
Afortunadamente, la terapia ha comenzado a dar sus frutos y hemos evitado, en el caso de mi hijo, la medicación.
Tal es el caso que, a pesar de que mi
hija estaba medicada y obtiene buenas notas en el cole, también en su
caso he preferido profundizar en las causas del TDAH para buscar
soluciones. Consulte con la Optometrista y con el mismo Neurólogo,
quienes, después de muchas pruebas, me confirmaron casi lo que ya sabía:
mi hija no tiene TDAH, ni existe motivo para medicarla con anfetaminas a
diario (después de tres años de medicación). Tan sólo evidencia un
problema de visión muy considerable (y tratable con la
terapia visual oportuna), además de un problema de bloqueo probablemente
causado por el excesivo estrés que sufrí durante la gestación de mis
hijos y en sus primeros años de vida, causado por la pérdida de una hija
anterior: los hijos no son ajenos a nuestros miedos y a nuestro estrés,
incluso desde el momento de la gestación.
Actualmente, mi hija de 14 años ha
finalizado su terapia visual y yo le he suprimido la medicación sin
haber notado demasiado cambio en su conducta. En el caso de mi hija
coincidimos con la pubertad (etapa idiota donde las haya), pero
afortunadamente sus resultados escolares son bastante buenos. Incluso se
percibe en ella un interés por la lectura que yo daba por descartado
incluso estando medicada.
Espero que este testimonio resulte útil a
otras personas que, como yo, estarán dando tumbos de un sitio a otro, e
incluso medicando a sus hijos con cierto reparo. No duden en investigar
las causas, probablemente encuentren algo que puedan solucionar y
evitar una medicación que sin duda, a la larga, tendrá sus
consecuencias…"
Un saludo,
Antonia Martínez.
Albacete.
Después de este testimonio y divagar por la red en busca de información, he llegado a la conclusión de que si tuviera algún familiar o en su día, algún hijo con un trastorno de TDAH, no les daría medicación. Considero inapropiado que niños con 8 años ya se estén llevando unas pastillas a la boca con el fin de tranquilizarlos y dejarlos inactivos.
Mi punto de vista podrá estar acertado o no, pero veo la idea de medicar como la solución fácil a los problemas, sin darnos cuenta de los problemas que podrán acarrear en el futuro. Hay que centralizar el problema e individualizarlo para tratarlo correctamente en cada persona de una manera personal.
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